
Lo más importante para cualquier ser humano es sentirse realizado en todos los aspectos, bien sea una familia feliz, una casa, un carro, un buen colegio para sus hijos y hasta un plan de jubilación para tener una vejez digna. La persona que cree en sí misma, en sus fortalezas y debilidades tiene que encontrar dentro del tablero de juego que pone el Estado, todos los elementos necesarios para poder desarrollarse plenamente y llegar a la meta satisfecho.
Este tablero de juego consta de unas reglas que lo constituyen el conjunto de leyes, reglamentos, normas, constitución y normas informales propias de la cultura de cada nación que permiten a la persona realizar sus esquemas mentales para hacerle frente a la vida. Es importante reconocer que existen aspectos relacionados con la dotación inicial de recursos bien sean económicos, de salud o formación que pueden afectar para bien o para mal a lo largo de la vida de cualquier ser humano.
En Venezuela tenemos dos modelos económicos bien definidos, uno que promueve la igualdad por sobre todas las cosas y para lograrla necesita poseer todos los medios de producción para luego repartir el producto de esos medios a todos sus habitantes por igual. Esta promoción desquiciada de la igualdad en todos los géneros destruye la libertad del hombre mismo al coartar su capacidad creativa, sus incentivos para innovar, esa creatividad que es capaz de mejorar la calidad de vida de todos. Por otro lado, el otro modelo que promueve la libertad del hombre bajo un esquema de igualdad de oportunidades, que le permita hacer realidad sus sueños, bien sea conseguir un buen trabajo con una remuneración digna para cumplir con todas sus obligaciones, trabajar en el área de su preferencia o bien emprender un negocio propio.
El problema de Estado radica en la suma de frustraciones de la población que se encuentra con un sistema que no le permite salir del círculo de la pobreza. Una política socioeconómica puede crear las condiciones para que esa población que se siente tan frustrada encuentre su camino y esa suma de voluntades logre un país con mejor calidad de vida. No se trata de hacerle una casita a un refugiado, de operarle la vista a una persona en cuba o regalar alimentos, el camino es que la persona encuentre el trabajo que más le guste, y que sea tan bueno en su trabajo que pueda ir escalando posiciones, que pueda ir a cualquier hospital público y resolver su problema de salud, que la educación pública sea excelente en todos los niveles, que cualquier persona con un sueldo mínimo pueda adquirir una casa, teniendo estas posibilidades se eliminan todas las diferencias de dotación inicial que pueda haber entre personas de una misma sociedad. Esto solo es posible en una economía de mercado donde se fomente la competencia honesta y solidaria, una economía de libertades con igualdad de oportunidades.
Un gobierno con voluntad de lograr una mejor calidad de vida debe fomentar la creación de nuevas empresas, a través de incentivos fiscales y económicos que permitan crear tanta pequeña y mediana empresa como sea posible, y tanta gran empresa como sea necesaria. Muchos economistas pudieran pensar que no es un criterio eficiente por aquello de las economías de escala, pero el objetivo de una política económica no es solo satisfacer las variables económicas, sino la realización de la persona dentro de la sociedad, por esa razón aquellas personas que decidan emprender un negocio productivo tienen que encontrar el espacio para participar sin ser excluidos por presiones monopólicas u oligopólicas.
La creación de empresas es la creación de puestos de trabajo, es un juego ganar-ganar, los que buscan empleo tienen mayores opciones por lo que su trabajo es valorado mucho mas y en consecuencia mejor remunerado. También el Estado es el gran beneficiado porque en una economía productiva y competida no hay lugar para la especulación y la escasez, pero si para una mayor recaudación de impuestos permitiendo una mayor recaudación fiscal. Una mejor Venezuela es posible con una economía con foco social y apoyada en un mercado libre, competido y promotor de la igualdad de oportunidades.
Lo más importante para cualquier ser humano es sentirse realizado en todos los aspectos, bien sea una familia feliz, una casa, un carro, un buen colegio para sus hijos y hasta un plan de jubilación para tener una vejez digna. La persona que cree en sí misma, en sus fortalezas y debilidades tiene que encontrar dentro del tablero de juego que pone el Estado, todos los elementos necesarios para poder desarrollarse plenamente y llegar a la meta satisfecho.
Este tablero de juego consta de unas reglas que lo constituyen el conjunto de leyes, reglamentos, normas, constitución y normas informales propias de la cultura de cada nación que permiten a la persona realizar sus esquemas mentales para hacerle frente a la vida. Es importante reconocer que existen aspectos relacionados con la dotación inicial de recursos bien sean económicos, de salud o formación que pueden afectar para bien o para mal a lo largo de la vida de cualquier ser humano.
En Venezuela tenemos dos modelos económicos bien definidos, uno que promueve la igualdad por sobre todas las cosas y para lograrla necesita poseer todos los medios de producción para luego repartir el producto de esos medios a todos sus habitantes por igual. Esta promoción desquiciada de la igualdad en todos los géneros destruye la libertad del hombre mismo al coartar su capacidad creativa, sus incentivos para innovar, esa creatividad que es capaz de mejorar la calidad de vida de todos. Por otro lado, el otro modelo que promueve la libertad del hombre bajo un esquema de igualdad de oportunidades, que le permita hacer realidad sus sueños, bien sea conseguir un buen trabajo con una remuneración digna para cumplir con todas sus obligaciones, trabajar en el área de su preferencia o bien emprender un negocio propio.
El problema de Estado radica en la suma de frustraciones de la población que se encuentra con un sistema que no le permite salir del círculo de la pobreza. Una política socioeconómica puede crear las condiciones para que esa población que se siente tan frustrada encuentre su camino y esa suma de voluntades logre un país con mejor calidad de vida. No se trata de hacerle una casita a un refugiado, de operarle la vista a una persona en cuba o regalar alimentos, el camino es que la persona encuentre el trabajo que más le guste, y que sea tan bueno en su trabajo que pueda ir escalando posiciones, que pueda ir a cualquier hospital público y resolver su problema de salud, que la educación pública sea excelente en todos los niveles, que cualquier persona con un sueldo mínimo pueda adquirir una casa, teniendo estas posibilidades se eliminan todas las diferencias de dotación inicial que pueda haber entre personas de una misma sociedad. Esto solo es posible en una economía de mercado donde se fomente la competencia honesta y solidaria, una economía de libertades con igualdad de oportunidades.
Un gobierno con voluntad de lograr una mejor calidad de vida debe fomentar la creación de nuevas empresas, a través de incentivos fiscales y económicos que permitan crear tanta pequeña y mediana empresa como sea posible, y tanta gran empresa como sea necesaria. Muchos economistas pudieran pensar que no es un criterio eficiente por aquello de las economías de escala, pero el objetivo de una política económica no es solo satisfacer las variables económicas, sino la realización de la persona dentro de la sociedad, por esa razón aquellas personas que decidan emprender un negocio productivo tienen que encontrar el espacio para participar sin ser excluidos por presiones monopólicas u oligopólicas.
La creación de empresas es la creación de puestos de trabajo, es un juego ganar-ganar, los que buscan empleo tienen mayores opciones por lo que su trabajo es valorado mucho mas y en consecuencia mejor remunerado. También el Estado es el gran beneficiado porque en una economía productiva y competida no hay lugar para la especulación y la escasez, pero si para una mayor recaudación de impuestos permitiendo una mayor recaudación fiscal. Una mejor Venezuela es posible con una economía con foco social y apoyada en un mercado libre, competido y promotor de la igualdad de oportunidades.





El impacto que pueden llegar a tener los déficit de los sistemas de pensiones sobre las finanzas públicas y los desequilibrios macroeconómicos crean un ambiente negativo para los incentivos para el ahorro y el desarrollo de los mercados de capitales.